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lunes, septiembre 28

Se avecina un cataclismo económico: el 47% del empleo desaparecerá

Hay consenso acerca de que la innovación es la clave del futuro, pero no sabemos bien en qué consiste y cuáles serán sus consecuencias. Lo que es seguro es que habrá mucho menos trabajo.

Una de las mayores certezas en el mundo de los negocios es que el cambio ya ha llegado, que estamos inmersos en un momento de grandes transformaciones que se llevarán por delante a quienes no sean capaces de adaptarse y que hará ricos a quienes tengan la capacidad de aportar nuevas ideas y nuevas visiones a los viejos procesos. Andrés Oppenheimer, columnista de Miami Herald, presentador en la CNN y uno de los 50 intelectuales latinoamericanos más prestigiosos, según la revista Foreign Policy, explora el nuevo contexto en Crear o morir (Ed. Debate), un libro en el que recorre la carrera profesional de famosos innovadores en un intento de encontrar pistas para desenvolvernos en el nuevo mundo. En el texto se habla, entre otros, del científico español Rafael Yuste, del chef peruano Gastón Acurio, del mexicano Jordi Muñoz, presidente de una empresa de drones a los 26 años, del hombre de moda en la educación, Salman Khan, o de Pep Guardiola.


Damos paso a la entrevista de Esteban Hernández al periodista y ensayista Andrés Oppenheimer

PREGUNTA. ¿Por qué hay tan pocos innovadores exitosos fuera de Silicon Valley?

RESPUESTA. Los países hispanoamericanos no producimos ningún Bill Gates o Steve Jobs, y quería saber por qué. Fui a Silicon Valley, empecé a hablar con la gente y aquellos con quienes me encontraba me decían. “Estoy empezando una start up. En los últimos cuatro proyectos fracasé, pero en este me va a ir bien por estos motivos. Me llamó la atención, porque en Miami nadie te habla del fracaso. Y esa es una de las razones principales por las que no producimos un Gates, porque les crucificamos cuando fracasan. Jobs fracasó 20 veces, lo echaron de Apple a los 30 años y las revistas decían que estaba quemado. La etapa siguiente fue la más productiva de su vida. El éxito es el último eslabón de una larga cadena de fracasos. Necesitamos una cultura de tolerancia social con el el fracaso individual, porque si no aniquilamos la innovación.

P. Desde esa perspectiva, ¿qué hacemos con Grecia? Porque siguiendo esa teoría, a las personas que han fracasado en la gestión de Grecia se les debería dejar que siguieran al frente. ¿Les dejamos fracasar hasta que triunfen?

R. No sé si Grecia puede ser catalogada como un fracaso. Creo que es más una tragedia. Desde luego no lo pondría en la misma bolsa, y no tendría tanta tolerancia con Tsipras, porque su cadena de fracasos me puede llevar a la ruina a mí.
La innovación es una cadena de eventos que no se inician con el capital riesgo, sino con la cultura, con esas personas que quieren ser muy innovadoras.

P. Quizá, entonces, eso a lo que llama fracaso no sea más que una serie de experimentos fallidos, que a veces alcanzan su objetivo y a veces no. Uno puede querer inventar el coche volador, y seguro que no sale a la primera, pero quizá tampoco al enésimo intento. La diferencia con Silicon Valley a lo mejor no es la cultura del fracaso, sino que hay mucho capital destinado a buscar nuevas soluciones y nuevos modelos de negocio.

R. Es una combinación de muchas cosas. Además de capital riesgo, necesitamos otra cultura, que es la principal traba. La falta de tolerancia social con el fracaso individual y la falta de veneración y admiración por los innovadores van unidas. En nuestros países los chicos crecen queriendo ser futbolistas o cantantes de rock. Me encantaría que admirásemos a los innovadores del mismo modo que contemplamos a los futbolistas. Necesitamos un Iker Casillas de la ciencia y un Pujol de la tecnología. Además de conocernos de memoria las alineaciones de los equipos de fútbol y de tenerlos siempre en la primera página de los diarios, deberíamos conocer al español que inventó el fósforo. La innovación es una cadena de eventos que no se inician con el capital riesgo, sino con la cultura, con esa masa crítica de personas que quieren ser innovadoras y que aspiran a convertirse en el próximo premio Nobel de física.
Lo que tendríamos que hacer es ofrecer al talento que se ha marchado la posibilidad de trabajar en una "selección nacional".

P. Eso no nos falta en España. No vanagloriamos a los innovadores, desde luego, pero hay muchos investigadores jóvenes que desean llegar muy lejos en su profesión. Lo que falta es trabajo.

R. Eso no me quita el sueño. El concepto de la fuga de cerebros está siendo sustituido po la circulación de cerebros. No es una tragedia que un colombiano o un español se vayan a EEUU, porque tarde o temprano o participan en proyectos españoles o regresan a España. Los grandes éxitos de la innovación en países como India se produjeron porque los ingenieros de Bangalore se iban a trabajar a Microsoft y luego se salían de la empresa y montaban su start up y fichaban a gente de su países, que eran buenos y mucho más baratos. Eso terminó siendo el motor de crecimiento de India. Messi juega en el Barça, pero después va a defender los colores de su selección nacional. Esto tendríamos que hacer, ofrecer al talento que se ha marchado la posibilidad de trabajar en su selección nacional.
La nube te va a diagnosticar con más precisión que cualquier médico y te recetará la pastilla que mejor le fue a 5000 millones de personas.
P. Messi va a jugar con Argentina pero juega mucho peor que con el Barça, quizá no sea el mejor ejemplo. Muchos de los que se van ya no vuelven, precisamente porque aquí no hay nada para ellos. Tampoco hay grandes incentivos para que regresen... Además, las últimas tendencias no tienen que ver con inventar un nuevo producto, sino con poner en marcha nuevos procesos y nuevos modelos de negocios, y para eso necesitamos menos ingenieros y más estrategas.

R. Está clarísimo que hemos entrado en un nuevo mundo en el que el trabajo mental va a valer cada vez más y el manual cada vez menos, ya sea por la invención de un nuevo producto o de un nuevo proceso para llegar a un producto existente, pero en todo caso estamos ya de lleno en la economía del conocimiento. Cada vez va a haber más trabajo automatizado, el 47% de los empleos van a desaparecer en los próximos veinte años, y este es el terremoto económico más grande que vamos a vivir. Hace cinco años hacía mi programa de televisión con cámaras, iluminadores, y demás técnicos, mientras que hoy simplemente hablo a una cámara en Miami, y lo manejan todo desde Atlanta. Estoy solo en el set. Las traducciones las hace Google Translate, las noticias deportivas de segunda y tercera división las escribe un algoritmo, al igual que las referidas a las ganancias trimestrales de las empresas, y pronto harán los algoritmos el trabajo de abogados o médicos. Nuestro Apple Watch mandará la información a la nube y se nos diagnosticará con muchísima más precisión que cualquier médico. La nube te va a recetar con base en tu historia médica y con cuál fue la pastilla que mejor le fue a 5000 millones de personas. Estamos viviendo una revolución económica que nos va a afectar a todos. Por eso en el libro hablo de reinventarnos y de progresar en esta era de la innovación.

P. Dice que han ido desapareciendo los cámaras y los iluminadores de su programa de televisión. A lo mejor el siguiente en desaparecer es el presentador



R. Ahí el mundo está dividido entre los tecnoutópicos y los tecnopesimistas. Estos te van a decir que vamos hacia un mundo de desempleo masivo y donde habrá mucha más desigualdad, mientras que los utópicos te dirán todo lo contrario. Nuestros abuelos trabajaban ochenta horas por semana y nosotros trabajamos cuarenta. Dentro de veinte años trabajaremos veinte. De todos modos, yo no me alineo ni con uno ni con otros, estoy un poco en el medio. Pero es cierto que cada vez vivimos mejor y más tiempo, conquistamos el dolor y estamos mejor en general. Cada vez que entro en un debate con un tecnopesimista le hago la misma pregunta: ¿qué prefieres, que te saquen la muela con una tenaza o que lo hagan como ocurre hoy con anestesia con sabor a fresa, mientras te ponen una musiquita y sin sentir nada? Hace 20 años, todo el mundo decía que los cajeros automáticos terminarían con los empleados bancarios, y hoy hay muchos más que entonces. Lo que ocurre es que hacen trabajos más sofisticados que contar billetes.

P. En todo caso, parece que la innovación no proviene de nuevas máquinas, sino de nuevos modelos de negocio. Uber es un buen ejemplo.

R. Hace poco estuve en Nueva York, y tomé Uber todo el tiempo, nada de taxis. Son carros último modelo, te ofrecen agua, te tratan como al Duque de Windsor. Hay ya 16000 Ubers y sólo 11000 taxis. Uber tiene hoy un enorme valor de mercado sin contar con un solo auto propio, ni un empleado. American Airlines tiene miles y miles de empleados y miles y miles de aviones. Uber demuestra que estamos entrando en una época en la que el trabajo mental se cotiza más que el manual. Kodak se fue a la quiebra por no innovar, por no creer en la fotografía digital. Instagram, con sólo 13 empleados, se vendió por mil millones de dólares.
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