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lunes, mayo 18

Sabiduría de los pueblos celtas

En su origen "druida" significaba "aquel que conoce el roble". Esta perífrasis en la que se relaciona el conocimiento natural con la sabiduría misma, indica hasta qué punto aquel árbol sagrado estaba arraigado en el modo de vida y en la religión celta.

Los testimonios más antiguos que se conservan sobre los druidas se remontan al siglo III antes de nuestra era y corresponden al escritor griego Posidonio; el relato más detallado, sin embargo, se encuentra en las obras de uno de los enemigos más encarnizados del pueblo celta, Julio César.


Según el emperador romano, había en la Galia dos tipos de hombres a los que se tributaban honores: los nobles y los druidas. Los druidas se encargaban de los sacrificios públicos y privados, y muchos jóvenes acudían a ellos para ser instruidos. Juzgaban las querellas privadas y públicas y dictaban sentencias. A quien no acatara la sentencia, se le prohibía asistir a los sacrificios, que era la pena más grave. Entre los druidas se elegía el gran druida, la máxima autoridad, y a su muerte se elegía a otro. Cuando dos de ellos reunían los mismos méritos la elección se realizaba en una asamblea y, a veces, incluso recurriendo a las armas.

Ogham: el alfabeto sagrado

Los druidas iniciaban su formación en la infancia. Ejercían de consejeros de los jefes y tenían conocimientos de medicina, magia y escritura, basada en el alfabeto oghámico, que sólo ellos conocían y que era sagrado. También estaban instruidos en el arte de la poesía, que compartín con los bardos y los filidh, sacerdotes de menor rango, pero que eran muy respetados en la sociedad celta. En la Galia, los filidh eran llamados vates.
Los druidas estaban exentos de pagar tributos y de las actividades guerreras, por lo que muchas familias enviaban a sus hijos a las escuelas druídicas para que fueran druidas: los privilegios que conseguían no eran pocos. Estudiaban astronomía, filosofía natural, derecho, literatura y mitología, y algunos tardaban veinte años en completar su formación. El dogma principal de la doctrina druídica afirmaba que el alma era inmortal y por tanto, tras la muerte, pasaba de un cuerpo a otro. La reencarnación es una creencia inusual en las culturas europeas, lo cual indica la peculiaridad de la religión céltica. La guerra también estaba relacionada con su actividad, ya que, aunque no participaban directamente en la lucha caía bajo su responsabilidad preparar a los guerreros para la batalla, probando en ellos una especie de frenesí bélico.


Los druidas ofrecían sacrificios humanos para curar a los enfermos graves y para proteger a los que arriesgaban su vida en el campo de batalla. Por lo general, los sacrificados eran delincuentes, pero alguna vez se elegían víctimas inocentes para dotar de mayor eficacia al rito. Los emperadores romanos Tiberio y Claudio prohibieron los sacrificios humanos y, según la leyenda, san Patricio -patrón de Irlanda- acabó con ellos en la isla. También se dice que el santo prohibió los ritos que incluían ofrendas a los demonios o el intercambio sexual entre los reyes y la diosa de la soberanía, práctica que, aunque desapareció de los rituales, perduró en la tradición literaria.

De los bosques a los templos

En el período más antiguo de la civilización celta, los ritos druídicos se celebraban en los claros del bosque. Como sabemos, la naturaleza era un elemento crucial en la localización y celebración de sus rituales: el roble sagrado, los ríos (y especialmente sus nacimientos) y los acantilados. En Irlanda quedan muchos restos (sobre todo dólmenes y otras piedras sagradas) en estos agrestes lugares, llamados cliffs, donde los druidas solían reunirse frente al mar y junto a vertiginosos acantilados. Basta con visitar los enclaves de las islas Aran (al oeste de Irlanda) para advertir la influencia de estos cultos antiguos: los lugareños todavía hablan el gaélico, lo cual parece un milagro lingüístico, que la revitalización de la cultura celta en la vecina ciudad de Galway está haciendo cada día más creíble.
Los edificios sagrados (templos) se usaron sólo a partir de la influencia romana. En la Galia, los druidas fueron eliminados bajo el gobierno de Tiberio -entre el 14 y el 37 antes de nuestra era- y probablemente poco después en Bretaña. En Irlanda perdieron sus funciones sacerdotales tras la llegada del cristianismo, pero sobrevivieron como poetas (en gaélico filid), historiadores (senchaidi) y jueces (brithemain). Muchos estudiosos afirman que los brahmanes hindúes en el este y los druidas célticos en el oeste son los últimos supervivientes del antiguo sacerdocio indoeuropeo.


En cuanto a las fuentes en que nos hemos basado a lo largo de los años para conocer la cultura druídica, ya hemos nombrado a Julio César, que tal vez es la máxima autoridad. Pero también es importante la descripción de estos sacerdotes a cargo del filósofo estoico Posidonio. Muchos de los datos que él aporta fueron confirmados siglos más tarde por las sagas medievales irlandesas. Una de estas sagas también ha confirmado el realismo con que César describía en sus textos una asamblea anual de estos sacerdotes para elegir al gran druida. Otro autor clásico que les dedicó diversos pasajes fue Diodoro, quien describió a los druidas como filósofos y teólogos, en contra de la opinión de Tácito, que los acusaba de crueldad y de impulsar los sacrificios humanos. La diversidad de opiniones manifiesta cómo la sabiduría druídica se aplicaba a tantos campos que puede parecer un precedente del Renacimiento italiano.
Como muchos aspectos de la cultura celta (leyenda, música, elementos mágicos, runas), la actividad de los druidas, muchos siglos después de su desaparición, ha perdurado en muchas personas interesadas en lo místico y se ha convertido en tema recurrente de muchos tipos de literatura, desde fascinantes sagas épicas hasta ensayos de divulgación de la magia blanca, pasando por estudios críticos de historia y antropología.

Templos y banquetes

Con los druidas, la religión ya no se limitó a la esfera privada, sino que adquirió una función social y política. Sus conocimientos en astronomía y geometría les permitieron levantar majestuosos santuarios para la comunidad, equivalentes a los templos griegos y romanos. 


Los fieles dejaron de ser simples individuos para convertirse en comensales que compartían la carne con los dioses en el marco de grandes banquetes. Muy apreciados por los guerreros, estos festines revestían una forma tanto religiosa como política. Así, se invitaba a los guerreros a ofrecer a los dioses la mayor parte del botín de guerra y, a cambio, los druidas los declaraban ciudadanos de pleno derecho.
Los druidas convencieron a los galos de que abandonaran los sacrificios humanos; en el caso de los criminales, eran ejecutados después de procesos en los que los druidas actuaban como jueces. En cuanto a las ofrendas a los dioses, adoptaban dos formas: el sacrifico de animales domésticos – buey, cerdo, cordero– y la ofrenda de armas y objetos preciosos. También cambió la imagen de los dioses, la concepción del universo y el destino del hombre. El extraño panteón de los galos que nos transmite Julio César en su Guerra de las Galias, en un pasaje copiado sin duda de Posidonio, es el de los druidas tal como éstos lo expusieron al viajero griego: «La divinidad que más adoran es Mercurio… Luego vienen Apolo, Marte, Júpiter y Minerva, de los cuales tienen una concepción semejante a la de las otras naciones». Estos dioses prodigaban sus virtudes a los hombres para hacerlos más sociables y acogedores con los extranjeros y, sobre todo, con los mercaderes.

Los primeros científicos

Según los relatos de Posidonio, los druidas profesaban una forma de panteísmo: identificaban la divinidad con el cosmos entero y los hombres participaban en el ciclo perpetuo de la naturaleza. Sólo importaba la pureza del alma. Todo lo demás, la vida terrenal y sus muestras materiales, carecía de valor alguno. Por ello, los galos nunca dejaron monumentos u obras de arte que testimoniasen su ingenio.


Los druidas pusieron su talento al servicio del conocimiento en ámbitos muy variados. Posidonio nos revela que se dedicaban principalmente a la "fisiología", es decir a las ciencias naturales, la física, la química, la geología, la botánica y la zoología. Como los griegos, los druidas especulaban sobre la composición de la materia y trataban de aislar sus principales componentes: el aire, el agua y el fuego. Imaginaron un fin del mundo que se produciría por la separación de estos tres elementos y acabaría con el dominio absoluto del fuego y del agua. Sin embargo, este fin del mundo se inscribía en un ciclo perpetuo de renacimiento y destrucción. Según Plinio el Viejo, los druidas clasificaron las especies vegetales y animales y estudiaron los usos que el hombre podía darles. En cuanto a la farmacopea, cabe destacar que los galos atribuyeron al muérdago numerosas propiedades, y las investigaciones actuales han demostrado que esta planta posee grandes poderes terapéuticos, sobre todo en el tratamiento de ciertos tipos de cáncer.
Los druidas destacaron también en el campo del arte. En particular, las composiciones del llamado estilo plástico revelan una espiritualidad que sólo podía provenir de una élite intelectual que reflexionaba acerca del papel de la imagen. Por otra parte, su saber también tuvo aplicaciones prácticas. En el campo de la agricultura desarrollaron, por ejemplo, el abono con estiércol, mientras que en el de la metalurgia cabe atribuirles la invención del hierro forjado y de la hojalata.

El inevitable declive


El extraordinario prestigio que rodeó a los druidas no duró eternamente. Su misma implicación en los asuntos políticos, diplomáticos y judiciales les hizo perder su carisma espiritual ante sus compatriotas. Pero lo que les afectó más profundamente fue la creciente influencia de la cultura romana. La invasión de productos de lujo a través de los comerciantes romanos cambió los hábitos de la aristocracia indígena y fue erosionando las creencias tradicionales de los galos, incluida la fe en el poder de los druidas. Es característico el caso del heduo Diviciaco, único druida cuyo nombre conocemos. Como primer magistrado de su ciudad colaboró activamente en la conquista romana y se hizo amigo de César, pero puso el mayor empeño en ocultarle su oficio; al contrario que sus lejanos predecesores, probablemente no se enorgullecía de él, pese a que su educación druídica le había permitido convertirse en un experto de la adivinación a través de los números.
Con la conquista romana, los adversarios de César fueron eliminados y gran parte de la nobleza asimiló los valores de Roma. Los últimos druidas auténticos acabaron desapareciendo. Los que reivindicaron ese título algunas décadas o siglos después no eran ya sino adivinos o brujos de poca monta. Ninguno  había recibido la estricta educación oral que había sido el secreto de los druidas: veinte años de estudios en los que los aspirantes a druida adquirían el inmenso conocimiento de sus mayores.
Reacciones:

10 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias Roberto por comentar.
      Saludos

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    2. Historia muy interesante de la cultura druida. Sus creencias no eran muy diferentes a los nativos americanos, en cuanto a la naturaleza y sus creencias espirituales van. Yo sigo las creencias tradicionales del nativo americano, soy de decente a nativos americanos a través de mi madre. Muchas gracias Consciousness por compartir esta interesante historia de los druidas

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    3. Como parte integrante de este pequeño grupo de Consciencia y Vida/Magazine y además su creadora, pues te agradezco mucho amiga Cindy, que también nos hayas aportado tu opinión sobre este post de la sabiduría celta, que por lo que nos explicas la comparas con las creencias de los nativos americanos, pues si, tienes razón, estas creencias nativas americanas, también se conocen como sabiduría chamánica o leyes chamánicas que tienen un gran nexo común con el Druidismo y esta sabiduría celta.
      Muchas gracias y que tengas una linda semana!!

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  2. Un artículo histórico muy interesante y didáctico. Os felicito por vuestra labor amig@s. Espero que continuéis con esta fantástica linea!!! Un fuerte abrazo!!!

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    1. Nos alegra mucho que te haya gustado nuestro artículo y por esta opinión que nos manifiestas tan positiva sobre nuestro trabajo.
      Intentaremos dentro de lo posible continuar ofreciéndoos interesantes contenidos y que además os sirvan de agradable entretenimiento.
      Otro abrazo enorme y muchísimas gracias por tu gran compañerismo.

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  3. Me queda la duda de si actualmente se podría afirmar que persiste en forma esta cosmovisión; lo pregunto en el sentido que conozco muchas personas que se dicen herederos de la tradición driuda, pero que hacen una mezcla extraña de tradiciones y creencias de diferentes latitudes. ¿Se puede fiar uno de estos "neoceltas"?.

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    1. No, no se puede fiar uno de estos "neoceltas" y ¿por qué? pues porque en estos últimos tiempos, con la llamada New Age se ha intoxicado la pureza de aquella sabiduría celta originaria, con una filosofía de vida y un camino de evolución espiritual a través de las Ordenes y Hermandades Druidas.
      Porque la New Age incluye cualquier tipo de espiritualidad y no le importa mezclar creencias. Hoy por hoy, la Nueva Era no es mas que un gran movimiento comercial de “espiritualidad a la carta”.
      Saludos y gracias por hacernos este cuestionamiento tan interesante.

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