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jueves, mayo 28

El Caso Zanfretta o la verdadera historia de una historia verdadera increíble

La noche del 6 al 7 de diciembre de 1978, en la provincia de Génova (Italia), Fortunato Zanfretta, efectuaba como todas las noches su ronda de vigilancia entre los numerosos chalets esparcidos por la municipalidad de Torriglia. Zanfretta iba al volante de un Fiat 126, provisto de una radio que le permitía comunicar con la oficina central de Génova. 

Era casi medianoche, cuando, después de una curva de la carretera, distinguió 4 luces blancas dispuestas en triángulo que se desplazaban horizontalmente un metro por encima del suelo, cerca de la casa. Se apeó del coche para ver mejor de qué se trataba. Primero, pensó que presenciaba un robo y llamó a la oficina central para informar, pero nadie contestó. Consultó su reloj, eran las 23:45 horas. Acto seguido, los faros de su coche se apagaron así como las del tablero y la luz interior del automóvil. Entre sorprendido y preocupado se decidió a ir a inspeccionar la villa. Encendió su linterna y se encaminó hacia la villa. Estaba decidido a enfrentarse con los ladrones.


A los pocos instantes se hallaba ante la puerta exterior de la casa. Las luces aún seguían allí, a unos 15 metros de distancia de donde él se encontraba. Continuaba moviéndose, pero no parecía que hubiera nadie allí. No se oía ni un ruido. La puerta de entrada de casa estaba abierta de par en par. Desenfundó su revolver. 
De pronto, las 4 luces empezaron a moverse rápidamente hacia él, pasando frente a l lugar donde estaba, de izquierda a derecha, para desaparecer, poco después, por detrás de la casa. El vigilante se dirigió también hacia allá. Pero de repente notó un tremendo empujón por la espalda... Tropezó y cayó de bruces sobre el césped. Se dio la vuelta y enfocó a quien le había empujado: no era una persona. 


Era como una masa de gruesos tubos horizontales de color gris oscuro. Medía unos tres metros y su cabeza era de color verde oscuro, de unos 70 cm de ancho y con dos enormes y terroríficos ojos triangulares, que despedían una luminosidad amarillenta. En la frente parecía tener una especie de ojo. La cabeza tenía también a ambos lados unos grandes "pinchos" puntiagudos a modo de cabellos, y frente a ellos, lo que parecía ser unas "orejas" puntiagudas, o unos "cuernos", levantados hacia arriba. 
A los pocos segundos el monstruo se desvaneció. Entre aturdido y asustado, Fortunato salió disparado hacia el coche. Detrás suyo empezó a oír un potentísimo silbido, que iba acompañado de una espantosa ola de calor. 
Fortunato miró hacia atrás. Lo que vio le asustó aún más: sobre la villa, había un gran triángulo aplanado que desprendía una luz vivísima y cegadora. Echó a correr hacia el coche. 
Hizo una desesperada llamada a la oficina y dio la alarma, gritando por el micrófono: "¡Qué feos son... son horrendos... no son hombres!". Éstas fueron las palabras que escuchó el vigilante que estaba de turno en la estación de radio. Mientras, Zanfretta sintió que se le doblaban las rodillas y que perdía el conocimiento. Se desplomó en el suelo al lado del coche. 
Eran las 0:16 horas.


Al cabo de unos 50 minutos volvió a abrir los ojos. Estaba de nuevo en el jardín de la villa y sus compañeros llegaban en ese momento. Fortunato era incapaz de explicarse y no recordaba nada de lo que había ocurrido en la última hora. Sin embargo, notó que todo a su alrededor estaba cambiado. La puerta del coche estaba abierta y las luces encendidas, la puerta del jardín y de la casa estaban perfectamente cerradas y nada faltaba en el interior de la villa. Bueno, sí que faltaba algo, pero ¡era absurdo!: Sólo se había llevado tres ejemplares disecados de animales completamente comunes. ¿Qué tipo de ladrones podrían estar interesados en eso? 
En el lugar donde había aparecido Zanfretta se encontró una huella oscura en forma de herradura, de 15 cm de ancho. Esta prueba fue fotografiada por un reportero gráfico de la Gazzetta del Lunedi, el sábado 9 de diciembre. 
Además, se descubrió una ligera radiactividad en la zona. 


Por otro lado, la presencia de varios objetos luminosos sobrevolando la localidad esa noche fue confirmada por varios testigos. Zanfretta accedió a someterse a hipnosis para recordar lo que le había sucedido. Fortunato describió al detalle su experiencia entre grandes dosis de emoción y terror. Aquellos seres monstruosos llevaron a Zanfretta a "alguna parte", donde lo sometieron a diversas manipulaciones; lo colocaron bajo la acción de una "luz cegadora", le pusieron una especie de casco en la cabeza, y le hicieron experimentar un calor insoportable. 
Lo más impactante de su relato bajo hipnosis fue que Zanfretta repitiera continuamente la frase "regresaremos pronto", lo que hacía pensar que el ser o los seres que lo abdujeron se proponían tener un segundo encuentro con el vigilante nocturno.


Pues bien, fijate, volvieron. El segundo encuentro tuvo lugar la hoche del miércoles 27 de diciembre de aquel mismo año 1978. La experiencia fue muy similar a la primera, según relató en otra sesión de hipnosis. Los seres sometieron a Zanfretta mil burradas, colocándole de nuevo aquel insoportable casco sobre la cabeza. 
Aproximadamente al año de su primera abducción, Fortunato fue secuestrado por cuarta vez. En el tercer rapto, ocurrido hacía unos meses, los visitantes le habían asegurado que volverían a por él "con el gran frío" y que le dejarían una señal que convencieses a los terrestres de su existencia. 
Así fue, los extraterrestres llegaron hacia las 13:30 horas del 2 al 3 de diciembre de 1979. Sus compañeros captaron su angustiosa llamada de auxilio por radio. La alarma cundió de inmediato entre los vigilantes nocturnos. 
Tras casi tres horas de búsqueda, vieron un disco que despedía una luz cegadora sobre el monte Uscio, disparando doce balazos contra él. Poco después, Zanfretta volvió a comunicarse por la radio de su coche "tengo un gran dolor de cabeza. Estoy en medio de la montaña y todo está oscuro". Lo encontraron en el fondo de un barranco, bajo un fuerte shock nervioso. 


¿Por qué los extraterrestres se habían encaprichado de tal modo con un mismo individuo? 
De la quinta y último abducción, hasta el momento, no se tienen datos. Pero lo cierto es que la empresa de vigilancia lo sigue manteniendo a su servicio, que Fortunato efectúa su ronda diaria portando su arma reglamentaria. Es evidente que a un loco no se le dejaría ir armado por el mundo...
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