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jueves, marzo 12

Las danzas sagradas

Las danzas sagradas eran las que se organizaban en honor a algún dios. Cuando se celebraban fiestas religiosas, las bailadoras realizaban juegos acrobáticos, realizando entre todas formas geométricas.

La verdadera danza sagrada sirve para enfocar y dirigir la conciencia a través del gesto físico. Es una expresión externa del espíritu interior. El cuerpo humano está diseñado para el movimiento, y este es tan natural e importante para la vida como respirar. Al igual que la respiración nos llena de energía, nos capacita para trascender nuestras percepciones ordinarias y nuestro habitual estado de conciencia. El movimiento equilibra, sana, despierta y funde energía. Genera energía psíquica que transformaremos en fuerza y en conocimiento, que nos ayuda a vivir. La danza enlaza los hemisferios cerebrales, juntando lo intuitivo con lo racional. La danza sagrada gira en torno a temas y pautas que estimulan múltiples respuestas. 


Una danza para estados superiores de conciencia es sencilla, personal y apasionada, de manera que se fundan la mente y el cuerpo. El grado de la energía invocada viene determinado por la participación y el significado que se asocia con el movimiento. El centro de cada persona es lo más intrínseco y profundo, es Divino, es íntegro y es absoluto. Consciente o inconscientemente, todos nosotros tenemos la saciedad de unirnos en amor con el aspecto Divino en cada uno de nuestros semejantes y con la creación que nos rodea.


Hombres y pueblos enteros han desarrollado diferentes vías para lograr este propósito. Las formas de meditación van desde el absoluto silencio en cuerpo y espíritu como se practica en el Zen, hasta el movimiento que conduce al éxtasis, como las danzas de los monjes Sufis que giran alrededor de sí mismos. En la danza meditativa armonizamos con la gran danza de la Creación: la danza de la transformación y el constante renacer en los ciclos de la vida. En la danza, se nos puede revelar el profundo sentido de los símbolos que movemos. Danzando experimentamos un máximo de vivacidad. Nuestros pasos se unen rítmicamente con la madre Tierra, nuestros gestos son expresión de la fuerza del alma. Bailando oramos y orando bailamos. Sentimos la unidad en nuestro entorno con los elementos tierra, agua, aire y fuego y en nosotros mismos. Nos abrimos al cielo en nosotros y sobre nosotros, recibimos y repartimos, damos gracias, bendecimos, fluimos, nos sentimos alegres, llevados y libres. 


La danza meditativa nos anima, nos equilibra, favorece nuestra capacidad de concentración, nuestra serenidad, despierta nuestra atención y sensibilidad hacia nuestros semejantes, con quienes con amor y aceptación nos tomamos de las manos y así elevamos nuestro espíritu. Los contenidos que se bailan se asimilan y perfeccionan a través de los pasos y gestos que se repiten una y otra vez.
Danzar no es sólo bailar sino que  también es “escuchar”. Escuchar tu ruido interno y aquella voz que habla en el silencio. La voz de la presencia. A medida que la habilidad de escuchar crece y se expande la conciencia, es más fácil entrar en contacto con nuestra esencia, lo que verdaderamente somos cada uno en aquel nivel en el que todos somos iguales. En la danza se integran la meditación y la acción, la disolución de la barrera entre la contemplación y la vida cotidiana, conectando con la energía interna o el Chi.

Bailando en tu propia habitación, en una clase o en grupo, solo o con espectadores, te conviertes en el creador de tu propia danza, tu propio movimiento, al cargar tu cuerpo, te sientes como el moldeador de tu propio destino, incluso puedes llegar a experimentar una sensación de unidad con el grupo, con el público, con el mundo y con la humanidad.


La liberación de nuestros bloqueos nos permite reconectarnos con la fuente, y empezar un largo y al mismo tiempo simple proceso de auto-descubrimiento. No todos los que bailan se pueden beneficiar de esta situación. Para los danzantes “ocupados”, que no están  usando sus fuerzas conscientemente y que se preocupan más por que dirán o por hacerlo bien que por ser un instrumento o canal de la fuente que se expresa a través de ellos, la danza puede ser divertida pero no de ayuda espiritual. 
Por eso es importante antes de empezar a bailar buscar un espacio tranquilo donde nadie nos moleste, calmar la mente y las emociones y respirar lentamente. Es necesario crear un espacio para el baile, no sirve un sitio con mucho ruido o donde el ambiente esté muy cargado con otro tipo de energías. Es importante que el espacio respete el flujo armónico de la vida para conseguir darle un sentido a la finalidad de la danza. Hacer un círculo, una espiral doble, o con el  diseño de un  laberinto con entrada y salida, pueden ser algunas ideas a tener en cuenta cuando la danza es en grupo.
Deja de lado las expectativas personales.  No danzas para competir sino para integrar tu cuerpo con fuerzas superiores. Es posible incluso que al principio la mente se rebele y no te deje estar en calma. Pero nada es más erróneo que intentar dominarla. Hay que perseverar en profundo estado meditativo  y en serena expectación para así reconducir a la mente hacia la fuente cada vez que se separe, y poner, por fin, silencio a este parloteo y ruido interior. 


Así, con la danza  podremos refinar y purificar nuestra vida emocional y al mismo tiempo nos conecta con la vida espiritual sin separarnos de la tierra que es donde debemos estar. Si la música transmite algo positivo y estamos conscientes en aquel momento, podremos armonizarnos con aquello que se transmite, y en ese instante nos olvidaremos de nosotros mismos y podremos ser lo que la música transmite: alegría, paz, amor, felicidad…

La danza sagrada tiene un enfoque muy parecido a el que se usa en el Yoga, el Tai Chi, la meditación y otras prácticas. Escoge aquella que más se adapte a ti y conviértela en un instrumento, nunca en una finalidad. Recuerda que un auténtico ritual debe conectarte con la fuente pero no es la fuente.
Reacciones:

4 comentarios:

  1. He disfrutado leyendo este artículo. Estoy totalmente de acuerdo en que el baile no sólo levanta el estado de ánimo, sino también en el interior, al espíritu. A menudo me bailo aun cuando cada vez que escuchar una buena canción en la radio, o incluso hasta en la ciudad enfrente a la tienda de música jejeje Tener un hermoso día de mi amiga Consciencia {:o)

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    1. Nos alegra mucho, amiga Cindy, que hayas disfrutado con la lectura de esta entrada y nos parece fantástico que bailes a menudo cuando escuchas una buena canción en la radio o enfrente de esa tienda de tu ciudad. La danza eleva el nivel energético, armoniza el espíritu y ayuda a mantener un buen estado físico y psíquico.
      ¡Que pases un precioso día! :o)
      Cordiales saludos

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  2. Thank you for the views on sacred dance as an expression of life and aspiration of life to be, Chari. This article has taken me back to my time in university studying humanities. I had forgotten so much of the why and how for dance as an expression of humanity's awe with the cosmogeny.

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  3. We think it's great that you have remembered those days of study at the University, we imagine they should be very beautiful after reading your comment.
    Indeed dance is an extraordinary way to unite our spirit to earth and remember our origins.
    We wish you a beautiful day, friend Paula.

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