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miércoles, febrero 4

Médicos europeos y ONGs atienden a víctimas en Ucrania

Profesionales de todo el continente y organizaciones no lucrativas operan y ayudan gratuitamente a las personas que han sufrido severas heridas de guerra en el conflicto en el Este del país.



                        Con la ayuda foránea vuelve la felicidad y la esperanza a Ucrania.

Werner Girsch se prepara para entrar en quirófano. “Los doctores ucranianos están haciendo un trabajo excelente. Llevan sin un día de descanso desde mayo. Sin equipamiento. Con escasez de todo menos de heridos. Desde Occidente debemos ayudarlos porque están exhaustos”, comenta este doctor austriaco, una eminencia en cirugía plástica del hospital de Viena, que ha viajado miles de kilómetros conmovido por las historias que le transmitían sus dos ayudantes. “Ellas son de Ucrania y me contaban lo que estaba ocurriendo en su país, que los doctores estaban al límite y yo no podía dar crédito, hasta que lo he visto con mis propios ojos”, relata el doctor, que estará dos días en Kiev donde realizará tres intervenciones quirúrgicas con el fin de instruir a sus compañeros ucranianos.
“El problema de las heridas de guerra es que las operaciones son extremadamente complicadas. La metralla destroza músculos, arterías, huesos, nervios... Y aquí no están preparados para este tipo de intervenciones porque los instrumentos de los que disponen están obsoletos y son los que usábamos en Europa hace 30 años”, denuncia el cirujano.
Un agudo pitido chirría en la habitación. Las constantes vitales de Vassily son normales. El hombre está sedado e intubado en la mesa de operaciones. A su lado, el doctor Werner Girsch examina la pierna y la mano heridas. Tratará de salvárselas. Será una operación larga de, al menos, cinco horas. “Escogí a este paciente debido a su extrema gravedad y porque se trata de una operación múltiple que requerirá cirugía de microinjertos y de reconstrucción parcial de la mano”, explica.

Todas las personas merecen una nueva oportunidad
Doctor Jacob Boeader, ortopeda británico
Girsch incide una y otra vez en la idea de que los médicos ucranianos están capacitados para salvar la vida de los pacientes y poco más. “Bastante hacen con los medios de que disponen, pero desde Occidente deberían venir más cirujanos para ayudarles y enseñarles nuevas técnicas”, reclama.

Volver a caminar

Nazar Barylko tiene 27 años y lleva 29 operaciones en su pierna izquierda. Tres balazos le seccionaron varias arterias. El joven estira el cuello tratando de salvar las cabezas de la gente que está sentada delante de él. A su lado, su madre, María, se aferra a su mano. Los dos han acudido a una charla impartida por el doctor Jacob Boeader. El afamado ortopeda británico ha viajado hasta Kiev con su fundación para ayudar a los mutilados de la guerra. “La vida os ha dado una segunda oportunidad y ahora yo os daré la oportunidad de volver a caminar con la última generación de prótesis”, afirma Boeader. Un murmullo recorre la sala. Las puertas se abren de par en par y entra caminando un joven. Todos los ojos se centran en él y en la prótesis de su pierna. “Se acabaron esas prótesis de madera o de plástico que habéis estado usando hasta hoy”, asegura.
María aprieta tan fuerte la mano de su hijo Nazar que esta comienza a ponerse roja. “Volverás a ser una persona normal”. “Mamá, ya soy normal”, le recrimina el hijo. “Un pedazo de metal o de plástico no te convierte en una persona normal o diferente. La vida no se detiene por perder una pierna. Hay que seguir viviendo y disfrutando de la vida”, relata el joven. Por las noches usa calmantes para conciliar el sueño. “El dolor, a veces, es insoportable”, reconoce. Acaba de comenzar sus ejercicios de rehabilitación, el paso previo a ponerse la prótesis y poder caminar. Tiene intención de continuar sus estudios de Derecho y desea encontrar una novia con la que casarse y formar una familia.
“Hemos trabajado en India, en Afganistán y en Camboya donde los amputados se cuentan por cientos de miles. Creo que era momento de ayudar a los amputados de Ucrania. Estas prótesis son de titanio, cuestan muchísimo dinero y no están al alcance de todo el mundo. Yo lo único que hago es ponerlas a su disposición porque todas las personas merecen una nueva oportunidad”, afirma el mecenas británico.
“Nazar no recibe más que una pequeña pensión del ejército que apenas le da para vivir. El doctor Jacob le regalará una de esas prótesis para que pueda volver a caminar”, se sincera María mientras contempla, desde la distancia, cómo su único hijo se acerca al doctor Jacob Boeader. Le estrecha la mano y le da las gracias. “Estoy deseando dejar las muletas”, afirma este amante del fútbol de envidiable sentido del humor. “Sé que volveré a marcar goles e incluso puede que me fiche el Dinamo de Kiev”, bromea con una enorme sonrisa.
Visto en El País






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